BROWNIE
Siempre recordaré aquel día en que me dijiste: "¿Es que a ti no hay nunca nada que te encante?"
Recuerdo aquellos días en que, entre clase y clase, comentábamos cual era nuestro nuevo vicio alimentario. Cada día salían nuevas porquerías, nuevas chuches y tú y yo las probábamos casi todas. "Me encantan" - decías tú. "No están mal, sí me gustan" - te respondía yo. Y un día indignada me soltaste eso de... ¿Es que a ti nunca hay nada que te encante?.
Ese día me fui a casa pensando en aquella frase. Era cierto, quizá sea demasiado exigente. ¡Qué pido! Era verdad, todo me gustaba, pero no había nada que me hiciese decir: ¡¡Ohhh, Dioos!!!! ¡Qué bueno está esto! ¡Me encanta!
Esa frase se quedó marcada en mi mente para siempre, porque es una de esas observaciones que hacen los demás sobre ti, y que si no te la hubieran dicho, tú no te darías cuenta de lo cierto que es.
Estos días recuerdo esta frase porque por fín lo he logrado. Algo me ha sorprendido tan gratamente, que me he dicho:
¡¡¡Ohhhh Diosss!!! ¡Pero que bueno está esto! Y me he acordado de ti, Andrea.
Creo que ese ha sido mi primer orgasmo culinario. Podría describirse así. Estaba muy bueno, pero creo que el factor sorpresa ha sido el que ha puesto la guinda. Ese bizcocho caliente... y ese helado frío... hummm!!! Ambos contrastes en mi boca me han sorprendido muy, muy, muy gratamente.
¡Qué pena que no se haya vuelto a repetir!
