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Terra
La Coctelera

Categoría: sentimentos

O eso creía.



Tengo ganas de llorar. Y con ellas vuelven las ganas de escribir. Pero en mi cabeza sólo aparecen ideas, frases... incapaces de ligarse y crear textos.

Sufro una pequeña lucha interior entre la tristeza y la alegría. La primera duerme en mí cada día.Lo sé. Ha encontrado un sitio, cómodo y agradable, entre los pedazos que han quedado esparcidos de mi alma.

Mi amiga y lejana alegría lucha contra ella cada día, pero no consigue arrancarla de esa comodidad para siempre. Parece abandonarla, un rato, en los momentos de jaleo, al escuchar voces estrañas. Posiblemente salga a estirar las piernas, o fumarse un cigarro, para tumbarse de nuevo cuando vuelve la calmada soledad.

A lo largo del día puede perder la batalla. Pero se resguarda en mi alma, conoce todos los nuevos rincones y parece recobrar fuerzas con cada luna.

Cada mañana parece que la lucha volviese a empezar. Cada nuevo día la tristeza empieza ganando.


9 meses

Hace frío y la ducha me espera. No sé si me hago la remolona por el frío, o porque sé que el chorro de agua se llevará el día de ayer. He vuelto a caer. He vuelto a llorar. Otra vez, con la sensación de no poder parar. Querer y no poder parar.

El agua caliente borrará las huellas de mi cara. Quitará el mal estar de mi piel. Hará que hoy sea un nuevo día. Que todo vuelva a ser como antes. O quizás no! Otra vez más fuerte, con más escudos, Volveré a empezar. Otro principio.

Me voy a la ducha. Y cuando salga veremos que nuevo camino toca tomar.

Noche de Playa

Caminaba sola por la arena húmeda. Una noche realmente oscura, iluminada únicamente por las cinco farolas que acompañaban el pantalán. La luz sólo alcanzaba a los barcos, al agua y a la franja de arena más cercana al muro. Triste, sola y con ganas de llorar un rato, buscaba una piedra lisa en el muro para apoyar su espalda.

Sentada en la arena con las rodillas pegadas a su pecho, los brazos sobre ellas. la humedad le calaba un poco más el alma si cabe.

La noche estaba en silencio. Sólo se oía el agua calmada chocando por momentos con alguna de las piedras que formaban el muelle.

Miraba al frente. El leve danzar de las barcas y barcos casi imperceptible. La gran calma que reinaba la playa contrastaba con el desasosiego que reinaba en su cabeza. Todo iba mal otra vez. Sólo eran pequeñas cosas, pero eran demasiadas pequeñas cosas.

Las lágrimas caían por sus mejillas sin freno.

Pescadores furtivos rompen la calma de la noche. Frenan las lágrimas. Dos hombres buscan ingresos extras, o simplemente alimento para sus familias. Trabajo en equipo, duro, coordinado, rápido y silencioso.

Se van con la misma rapidez y cautela con la que llegan. En pocos segundos vuelve la calma.

Las lágrimas siguen dentro, pero las pequeñas cosas han perdido importancia.

Se levanta. Se despega de la fría piedra y de la humedad de la arena. Camina cabizbaja volviendo sobre sus pasos. Deshaciendo sus propias huellas...

Otro día más.

Suena un despertador. Mi cerebro reconoce la llamada y ordena que no se distraigan mis sueños. No es el mío.

Suena cada vez más fuerte.

Pero es el dulce beso el que me despega de tan profunda modorra. Dulce beso que me arranca una sonrisa, dulce beso al que correspondo con dulzura. Dulce beso que me llena de tristeza y alegría. Tristeza por el nuevo día que sólo muestra despedida y alegría por la persona amada: tan cercanas ambas.

Despegada, otra vez, de mis profundos sueños por el adiós de tus labios se apaga ya la tranquilidad de la noche.

Con dulzura empieza lo que las horas pondrán final. Largo viaje de vuelta a casa, duro día de trabajo.

El Final Del Camino

Aunque se sentía feliz, había días que se entristecía con los recuerdos.

Hoy era uno de ellos.

Hacía ya 50 años, 50 largos años, en los que había sido incapaz de AMAR. Había logrado QUERER, pero nunca vuelto a amar. El dolor no le dejaba. No sabe, muy bien el porqué, pero una fuerte angustia, un terrible miedo, que con los días se transformaba en dolor, la hacía echar a correr.

A sus 77 años había olvidado caras, pero recordaba caricias, besos, palabras, sonrisas, momentos...

La mayor parte de sus amores le habían dejado dulces y agradables recuerdos. Dulces recuerdos que ella aparcaba para siempre, pues prefería alejarse, antes que se truncaran desagradables.

Sobrepasar los límites del querer. Sentirse dueña de alguien, y saberse esclava, en cambio; le aceleraba el corazón. Tanto que se sentía perdida, sentía que volvía a dejar su alma en manos enemigas, y por eso, corría, corría y corría.

Pero ahora sentía que el tiempo, eterno caminante, incansable, no perdonaba.

Vivía sola, dormía sola, se sentía sola.

Sus recuerdos no la acariciaban. Los besos no dormían con ella, las sonrisas no le hacían sonreír, los momentos de compañía ya no volvían.

Después de tantos años, tantos amores... moría sola.

SERÁ LA FIEBRE

¿Qué me está pasando? Estoy acatarrada. Ayer fue festivo por aquí y yo me he pasado todo el fin de semana en cama.

Digamos que he tenido mucho tiempo para mí. En lo que lleva pasado de año es la primera vez que paso tanto tiempo conmigo misma, sin sentirme angustiada.

Pero me duele el estómago, o lo tengo revuelto, o no sé qué narices es lo que me pasa.

Mi cabeza da vueltas, no deja de pensar en amores pasados, amigos presentes y amores por llegar. No deja de pensar en qué decir, en qué callar... da vueltas y vueltas y no quiere parar.

Acabo de terminar de leer "El psicoanalista" y me he quedado con esa sensación con la que se queda uno siempre que acaba de leer un libro. Tristeza, por haberlo acabado, pero con provecho por lo leído. No sé. Me cuesta explicarlo. Y también me he puesto nerviosa, porque, por fin, voy a leer "El niño con el pijama el rayas".

Llevo leídas cinco páginas y he tenido que dejarlo, estoy tan nerviosa que he decidido escribir esto. Creo que tenía muchas ganas de leer este libro. Nunca me he sentido así. La lectura de este libro conlleva más de lo que cualquier lectura conlleva.Tengo la impresión de que me hará llorar. Además las historias en las que participan niños siempre suelen tocarme algo más profundamente.

Llevo todo el fin de semana escuchando Maná y eso también me está haciendo enloquecer, por momentos. Hacía por lo menos unos seis años que no disfrutaba tanto de escucharlos. Tanto amor, tanto desamor últimamente. Nuevas sensaciones hacen que mi estómago esté así.

Nuevas canciones, y conocidas, que vuelven a hacer palpitar mi corazón.

Creo que después de haber escrito un poco me voy calmando, pero no estoy nada segura de qué es esto que me está pasando.

ASUNTOS PENDIENTES

Tumbada en cama esperaba que el sueño la invadiese, pero éste no llegaba. Veía el concierto de "La Fuga", demasiado emocionada para sucumbir a la noche. Madrugaba. Era tarde ya, pero sentía más que nunca.

"Esta noche a tu ventana tira piedras la luna"

Su estómago no estaba tranquilo, su corazón latía apurado, sus muecas, sus gestos volvían a invadir su cara. Mezcla de pensamientos.

"Triste. Como un perro en la autopista. Como una tortuga con prisas."

Sentimientos contrariados.

"Voy buscando en la basura, unos labios que me digan: - Esta noche, quédate!."

Alegrías tristes, amores apresados, amigos amados... todo esto la mantenía en vela.

Un acústico relajado, pesimista, negro, perfecto para soñar abrazada a la almohada, pero algo no la dejaba. Esta noche no dormiría. No mucho.

"Nunca máis"

Acaba el concierto, los párpados pesan, media sonrisa se dibuja en su cara, como en "Primavera del 87" alguien se va. Se la llevan, ya no vuelve.

Dulces sensaciones. Olvidados ya aquellos días. Ahora feliz, algo no le deja soñar. Mejor no, pero, como siempre, cuando uno aprende a vivir, ya es tarde.

ACOMPAÑADA O NO, EN EL FONDO; SOLITARIA

Acabo de llegar de una tarde de playa.

Hoy fue mi primer día de este año. Mi primer día sola.

Éste es el único sitio en el que verdaderamente disfruto de mi soledad. Pero sólo en estos días. En los días en los que está desierta. En los días en los que no nos atrevemos todavía a coger el bikini y tumbarnos a tomar el sol. Siempre hay algún "loco" que lo hace.

He cogido mi toalla, mi libro "El psicoanalista", últimamente olvidado, mis gafas de sol, mi móvil, y me he tiado en la area.

No había nadie. Se contaban las almas con los dedos de una de mis manos. Aunque ya no era así cuando decidí recogerme de mi apacible y deseada soledad.

Me encanta disfrutar de esas dos horas así. Gracias a ello el día de hoy ya ha valido la pena. Me he encontrado a mí misma.

He recordado días en los que disfrutaba igualmente de esa soledad, pero cuando llegaba a casa, alguien me esperaba, o llegaría al rato. He sentido, con alegría, que no hay gran diferencia entre aquellos días y los de hoy. He sabido coger la soledad y disfrutar de ella, como antaño.

Sigo siendo yo. La misma de siempre.

Acompañada o sola, sola en el fondo.