Suena un despertador. Mi cerebro reconoce la llamada y ordena que no se distraigan mis sueños. No es el mío.

Suena cada vez más fuerte.

Pero es el dulce beso el que me despega de tan profunda modorra. Dulce beso que me arranca una sonrisa, dulce beso al que correspondo con dulzura. Dulce beso que me llena de tristeza y alegría. Tristeza por el nuevo día que sólo muestra despedida y alegría por la persona amada: tan cercanas ambas.

Despegada, otra vez, de mis profundos sueños por el adiós de tus labios se apaga ya la tranquilidad de la noche.

Con dulzura empieza lo que las horas pondrán final. Largo viaje de vuelta a casa, duro día de trabajo.